La sociedad ¿Ya perdonó o no al PRI?

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Por: Álvaro Aragón…
Los políticos priistas sinaloenses que se disponen a pelear posiciones electorales en el 2021 cantan victoria antes de tiempo y juran que el presidente Andrés Manuel López Obrador no estará en las boletas electorales y que vaticinan que es imposible de que se registre otro tsunami electoral como el del 2018, poco o nada han hecho para higienizar la estigmatizada figura del Partido Revolucionario Institucional y ofrecer esa marca como alternativa de cambio, gobierno decente y desarrollo social.

Salvo la avalancha de encuestas “patito” y digitales que usan como promoción publicitaria de sus “competidores”, el PRI-Sinaloa no desarrolla ninguna actividad que lo desvincule de las sospechas y acusaciones de malversación de fondos y desfalcos y mucho menos de las acciones de los pésimos gobiernos que lo condujeron a la derrota en el 2018. Los políticos tricolores saben, pero no saben cómo o no les interesa sacudirse la etiqueta de la corrupción que les resta credibilidad y votos.

En la disputa interna por las candidaturas los reciclados políticos del PRI, ciegos por la ambición, no escudriñan en el pasado reciente y no se preguntan por qué perdieron elecciones federales, las alcaldías y diputaciones locales de manera estrepitosa, ni qué motivó el tsunami Lópezobradorista; no se han preocupado por elaborar un diagnóstico para saber a ciencia cierta si los ciudadanos ya los indultaron y estarían dispuestos a regresarle en el 2021 el voto a sus futuros candidatos.

¿Por qué perdió el PRI?, es la pregunta clave para evitar las cuentas alegres y dejar a un lado la ilusión que levanta en el ánimo de sus aspirantes a cargo de elección popular las encuestas falsas. Le verdad es que el tricolor tiene una marca indeleble que es sinónimo de derrota electoral ¿Con que candidatos el PRI-Sinaloa proyecta ofrecer a los electores una imagen de renovación para que el pueblo ya no los tache de corruptos? ¿Con los mismos personajes de siempre? ¿Con qué discursos querrá convencer a los ciudadanos de que ya no será el partido por el que no votaron el 2018?

Parece tarea imposible de aquí a las elecciones de junio del 2021 que el PRI se despoje de todo lo huela a Enrique Peña Nieto, a Javier Duarte, César Duarte, Tomás Yarrington, Emilio Lozoya, Roberto Borge, Roberto Sandoval, Rodrigo Medina, Andrés Granier o los hermanos Moreira y deslindarse de los escándalos más grandes de corrupción como los casos de Odebrecht, la Casa Blanca, la “Estafa Maestra” y de otros señalamientos que sin duda irán surgiendo conforme avance la contienda electoral.

No hay otra realidad, pues, más que la estampa de la derrota: las elecciones celebradas el pasado 1 de julio del 2018 fueron las peores que haya experimentado el PRI desde su fundación en 1929: Andrés Manuel López Obrador obtuvo 53.17 por ciento del voto ciudadano para alzarse con la victoria y convertirse en el Presidente Electo para el sexenio 2018-2024; Ricardo Anaya sacó el 22.27 por ciento. El tercer lugar fue ocupado por José Antonio Meade con el 16.42 por ciento.

De las nueve gubernaturas en disputa, el tricolor perdió Jalisco y Yucatán. En el Senado de la República, compuesto por 128 representantes, el partido fundado por el general Plutarco Elías Calles, tuvo, en el trienio 2015-2018, 55 curules; en el 2018 quedó reducido a 15. El descalabro mayor se registró en la Cámara de Diputados, compuesta por 500 representantes: en la anterior Legislatura (2015-2018) el PRI contó con 202 escaños; y con el tsunami lópezobradorista en la 64° Legislatura quedó reducido a 47 diputaciones.

La explicación más inmediata de la derrota se encuentra en las elecciones del 5 de junio de 2016, cuando el Revolucionario Institucional perdió siete de las doce gubernaturas en juego. Cuatro de esas gubernaturas jamás habían estado en otras manos que no fuesen ­priistas: Durango, Quintana Roo, Veracruz y Tamaulipas. El PAN recuperó Chihuahua. Además, el blanquiazul, ganó Aguascalientes, Veracruz, Durango, Tamaulipas, Puebla y Quintana Roo.

En Sinaloa en el 2018, el PRI perdió las principales alcaldías, la de Mazatlán, Culiacán, Guasave y Ahome y la mayoría de las diputaciones locales; se quedó también sin Senadores y diputados federales al ser aplastados sus candidatos en los 7 distritos electorales por los abanderados de Morena. Es correcto, el colapso lo provocó el tsunami lopezobradorista, el voto “masivo” o el 5de5, pero ese fenómeno no fue obra de la divina providencia, lo generó el descontento social, la inseguridad pública, la criminalidad, el desempleo, la corrupción pública, la narcopolitica, la marginación, el hambre, etcétera.

Los priistas sinaloenses que cantan victoria antes de tiempo le apuestan a su futura “victoria” a las encuestas apócrifas, a los “errores”, dicen, del gobierno de la Cuarta Transformación que para algunos segmentos de la población son aciertos y a que López Obrador ya no aparecerán en las boletas electorales para “enganchar” el voto de la ciudadanía a favor de los candidatos de Morena, pero se olvidan de que las causas que motivaron la derrota de los candidatos del PRI a presidentes municipales, diputados locales y federales y al Senado de la República, siguen presentes y escalan a dimensiones de escándalo, y no delinean ninguna estrategia para que la sociedad no los culpe de las desgracias sociales y económicas que galopan por territorio sinaloense.

Dos preguntas es importante plantear a la luz del proceso electoral 2021: ¿En realidad los priistas creen que la sociedad ya los perdonó y les regresará el voto que les negó en el 2018? ¿El PRI va a conservar la gubernatura y recuperara las diputaciones locales y federales y alcaldías que perdió con los personajes de siempre, incluso con los que ya fueron derrotados en pasadas contiendas electorales?

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