Mario Delgado y los compromisos en Sinaloa

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Por: Álvaro Aragón…

Fueron reducidos tiempos de unidad, de efímera solidaridad partidaria en Sinaloa. Mario Delgado Carrillo, uno de 100 aspirantes a la presidencia del partido Movimiento de Regeneración Nacional desató el concierto y las pasiones, el reencuentro fugaz…

El legislador de Morena levantó suspiros entre quienes aspiran, unos a la reelección, otros a ser enlistados como candidatos a alcaldes, diputados locales y federales y otros que quieren encaramarse en la candidatura morenista al gobierno de Sinaloa.

Fue el 21 de septiembre un lunes de ajetreo político. Mario, factótum financiero del canciller Marcelo Ebrard, arribó a Sinaloa acaparando los reflectores en los instantes en que la mayoría de las encuestas periodísticas lo ubican en las “preferencias” de los morenistas.

En los momentos en que Gibrán Ramírez, otro de los aspirantes a dirigir ese instituto, advirtió que el partido vive un proceso de degradación y parálisis similar al del PRD, que ha resultado en la pérdida de hasta 15 por ciento en intención de voto y el descontento de militantes y simpatizantes.

Justamente cuando, Porfirio Muñoz Ledo, de la corriente geriátrica que aspira a convertir a Morena en un partido “de abuelitos”, precisó que en el partido “hay de todo, como en botica; el presidente López Obrador decía que cuando una ola es muy grande, también arrastra basura”.

En el escenario montado para la exhibición estelar de Mario Delgado figuraron pasteurizados y homogenizados políticos de alto calibre y de mediana talla, diputados locales y federales y alcaldes que adoptaron como suya la frase que Don César Garizurieta, alias “El Tlacuache”, amigo de la infancia del veracruzano Miguel Alemán Valdés, acuño y convirtió en dogma de fe para la burocracia priista, panista, perredista y ahora morenista: “vivir fuera del presupuesto, es vivir en el error”.

En la “ola morenista” en la cresta, hubo quienes, aprendices aún de la política, no dimensionaron la representación de Mario Delgado, mucho menos lo que significa para el proyecto del secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, y la formalidad de los compromisos tejidos con empresarios sinaloenses durante la campaña de Andrés Manuel López Obrador.

Otros sí, vieron en la figura de Delgado el proyecto en ciernes por la presidencia del canciller, uno de los hombres de mayor confianza de AMLO. “Quien a buen árbol se arrima, buena sombra lo cobija”, fue la máxima ahí de quienes conocen las redes y entretelas del poder en Morena y en el gabinete Lópezobradorista.

Las cartas credenciales de Mario Delgado son de primer nivel: estudió en el ITAM, cursó su maestría en Econometría en la Universidad de Essex, Inglaterra. Es el consejero en “términos financieros” de Marcelo Ebrard.

El coordinador de los Diputados de Morena propone recortar el presupuesto de los partidos políticos y legalizar los autos chocolate y empuja la polémica Ley Nieto, que busca darle nuevas atribuciones a la Unidad de Inteligencia Financiera para que pueda congelar directamente las cuentas de personas y empresas que considere sospechosas, o bien aplicarles la ley de extinción de dominio.

En el 2002, cuando Ebrard se desempeñaba como secretario de Seguridad Pública del entonces Distrito Federal, incorporó a su equipo de trabajo a Mario Delgado, originario de Colima, como director ejecutivo de Informática y Estadística.

Desde aquel momento, Delgado se encargó de aportar lógica matemática a la sensibilidad política de su patrón, lo que lo llevó a colocarse como secretario de finanzas del gobierno de la ciudad de México durante los primeros cuatro años del sexenio de Marcelo Ebrard.

Delgado fue colocado en San Lázaro para ayudar a construir, con su mayoría morenista, el andamiaje político y económico que materializaría la Cuarta Transformación; asimismo, para generar las alianzas y apoyos que le permitan tomar las riendas del Comité Ejecutivo Nacional de Morena.

Pieza clave entonces del proyecto Presidencial de Marcelo Ebrard, Mario Delgado encaja a la perfección para dar cumplimiento, en el 2021, a los compromisos pactados con un grupo de empresarios sinaloenses que el jueves 12 de abril del 2018 decidieron apoyar el proyecto de Andrés Manuel López Obrador.

El acuerdo se suscribió en la residencia de Joel Valenzuela Parra (Jova), en la colonia Chapultepec, mientras Andrés Manuel López Obrador se encontraba en el puerto de Mazatlán en gira de proselitismo político.

Entre los empresarios reunidos destacó el anfitrión, Joel Valenzuela Parra, dueño de Grupo Jova, el más importante emporio agroindustrial en Sinaloa, hombre cercano al ex gobernador Jesús Aguilar Padilla, quien fuera coordinador de la campaña del candidato del priista José Antonio Meade en Sinaloa; uno de los hijos de Jova, Joel Valenzuela Romero, director de Jova Graneros; el agricultor y ex alcalde de Guasave, Raúl Inzunza Dagnino, y unos 20 empresarios más.

En el concierto del lunes Mario Delgado Carrillo no figuraron aquellos empresarios definidos a favor de AMLO en abril del 2018, pero el compromiso con ellos sigue firme, en pie. Seguramente, el aspirante a dirigir Morena sabe a estas alturas, si él llega a la presidencia del instituto político, que será crucial la opinión del grupo de empresarios a la hora de decidir las candidaturas y las alianzas.

Pactos son pactos. Es por ese pasado con olor a presente que la efímera unidad morenista se rompió por lo más delgado con todo y la gráfica fraterna que refleja que al encuentro no acudieron todos los que son. Necesariamente hay compromisos que cumplir con estos hombres del poder económico de Sinaloa.

Marcelo Ebrard es hombre de palabra….

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