Quirino sin cubrebocas y en gira

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Por: Álvaro Aragón Ayala…

Cómo entender a Quirino Ordaz Coppel. Quienes tratan de descifrarlo argumentan que “solo el que carga el costal sabe lo que lleva dentro”. El gobernador decidió asumir, desde un principio de la pandemia, el costo político de las desgracias y resolvió no convertirse en un fardo para el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, evaluando las pérdidas y ganancias políticas que le pudiera generar su acercamiento o distanciamiento con el inquilino de Palacio Nacional.
Así, en este escenario, el mandatario estatal se mueve en dos vertientes: la contención de la crítica al interior de Sinaloa, más que de la pandemia, y la transmisión de una imagen de dinamismo de su gobierno de cara al gobierno federal. No es Quirino Ordaz problema para López Obrador y por tanto su voz podría ser escuchada o tomada en cuenta. Esa es la hipótesis que se esgrime para intentar ajustar la directriz estatal a la del presidente de la República.
La estrategia de Quirino Ordaz es lograr que tabasqueño ordene al Consejo Nacional de Salud (Hugo López-Gatell) lance el anuncio de la reactivación del sector turístico en Sinaloa -principalmente en Mazatlán- “para que los gobernadores se hagan cargo”.
“El control interno” de los medios de comunicación es vital para que Quirino Ordaz mande una lectura de que en Sinaloa no habrá críticas ni contra él ni el Jefe del Ejecutivo Federal si ordena la reapertura de hoteles y restaurantes.
La liberación de la venta de bebidas embriagantes fue un ensayo para “sofocar con alcohol” cualquier inconformidad colectiva y para meter en el “análisis controlado” la traída y llevada “Ley Seca” y ocultar el repudio social contra el tres niveles de gobierno por los yerros en la contención y mitigación de la pandemia.
La conclusión gubernamental es que, si no hubo problemas con la masificación de la venta de cerveza, vinos y licores, que no son productos esenciales, mucho menos de la canasta básica, lo obvio –según las cuentas del Tercer Piso-, es que se pueden reabrir actividades si prioritarias como son, dicen, hotelería y la gastronomía.
Así, en una jugada maestra, organismos de la sociedad civil –las fuerzas vivas-comenzaron a exigir la apertura de negocios esenciales. El ejercicio de la “presión social” y mediática, pues, para lograr la reactivación del sector turístico.
Para reforzar, para mandar la señal al presidente López Obrador de que en Sinaloa está “domado” –menos la pandemia, que conste-, el gobernador Quirino Ordaz Coppel entró a un nuevo programa de giras en medio de las cifras de contagios y muertes por coronavirus, cuyos números y recuentos no le favorecen en Palacio Nacional.
Días atrás, en Badiraguato, el Jefe del Ejecutivo Estatal inauguró, acompañado de la presidenta municipal Lorena Pérez Olivas y el secretario de Obras Públicas, Osvaldo López Angulo, un tramo de dos kilómetros, presupuestado a precio de oro, de la carretera que comunica a Soyatita con San José del Llano.
Ahí, sobre el camino, el mandatario mandó la señal: “Yo quise venir hasta acá, pero cualquiera diría a qué viene cuando hay pandemia, pero el deber de uno es trabajar, y también activar la economía, y para ello, esto ayuda a los lugares más marginados, como es en la sierra”.
El jueves, en Guamúchil, Ordaz Coppel inauguró, junto con el alcalde Carlo Mario Ortiz Sánchez, la segunda etapa de la Obra de Rehabilitación del Colector Ferrocarril. “Son obras que no se ven, pero se sienten”, le dijo a un grupo de personas congregadas en el evento.
El gobernador Quirino Ordaz Coppel, ahí, en Guamúchil, tiró el cubrebocas que se coloca en sus conferencias para hacer llamados a respetar la Sana Distancia y atender el “Quédate en Casa”.
Quienes descifran al gobernador alegan que rompió su “cuarentena” porque su deber es trabajar y “activar la economía” y argumentan que sus acciones, acompañados del control de medios de comunicación, son para mandar a Palacio Nacional la lectura de que el pueblo de Sinaloa está preparado sicológicamente –no sanitariamente- para entrar a la “nueva normalidad”.
Sin embargo, Quirino Ordaz confunde y desconcierta a la sociedad perspicaz, en resguardo domiciliario por voluntad propia, y desata la fuga hacia la calle de amplios segmentos de la sociedad que creen que lo peor ya pasó o bien que no cree que la pandemia exista. Otro sector ni en cuenta: con sus dosis de alcohol vive feliz en su trance etílico.
En Sinaloa, los costos de la pandemia, por decisión propia, los asume el gobernador Quirino Ordaz. Es ahí donde no encajan los números y chocan los escenarios: el jefe de la estrategia anti Covid-19 en México, Hugo López-Gatell, insiste en llamar a la sociedad a no salir a la calle y retener en sus casas a los habitantes de las ciudades de Culiacán, Cancún, Villahermosa y Tijuana donde el pico de contagios y muertos es escalofriante y existen riesgos de rebrotes del virus.
La curva de nuevos contagios de Covid-19 en Sinaloa no cede y se encuentra en su máximo nivel histórico con 60 casos diarios y Culiacán es el centro de operaciones políticas de Quirino Ordaz Coppel.
En Mazatlán, corazón del sector turístico de Sinaloa, ese que le interesa reactivar el gobernador, el alcalde Guillermo – “El Químico”- Benítez-, está en cama, víctima de Covid-19 ¿Qué tan factible es que el presidente Andrés Manuel López Obrador ordene la reapertura de los hoteles y restaurantes del puerto cuando su amigo, “El Químico” Benítez, libra una batalla personal, por su vida, contra el coronavirus?
Quienes tratan de descifrar al gobernador Quirino Ordaz lo entienden. Falta que lo comprenda la sociedad pensante de Sinaloa.

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