Se desgasta el PRI en la etapa de las alianzas

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Por: Álvaro Aragón…
A pocos días de que se cierre el plazo legal para sellar alianzas electorales formales, el Partido Revolucionario Institucional entró en Sinaloa en un nuevo proceso de desgaste que le resta rentabilidad y credibilidad en la mesa de las negociaciones políticas.
1.-En la elección del 2016, Quirino Ordaz Coppel pactó con Malova y Gerardo Vargas Landeros, en aquel año adheridos al PRI. El malovismo y Fuerza Trébol ayudaron a Ordaz a alzarse con la victoria. El trato devino en impunidad y se cerrará una vez que se limpie el expediente al ex secretario de administración y finanzas, Armando Villarreal Ibarra. En el 2021 ni Malova ni Gerardo respaldará a Quirino ni al proyecto del PRI.

2.-En el 2016, segmentos del PAN –proempresariales- abandonaron a su suerte al candidato azul al gobierno estatal, Martín Heredia; en abierta traición apoyaron “por debajo de cuerda” desarticulando las redes electorales blanquiazules, al candidato del PRI, Quirino Ordaz Coppel, quien pagó esos “favores” políticos incorporando a Juan Antonio Mejía en la SEPyC y al ex dirigente panista Adolfo Rojo Montoya en la Dirección de Coordinación Fiscal. En el 2021 el PAN no incorporará a sus jugadas de primer nivel a ambos personajes. Si no hay alianza con el PAN, el PRI no contará con el apoyo de los desleales del panismo.

3.- El PRI arrea con la desarticulización interna: son tres PRIs en Sinaloa: el del gobernador, cofradía identificada como “Puro Sinaloa”; el PRI de la vieja nomenclatura, paralizado del 2017 al 2020: Quirino inmovilizó al ancestral tricolor, apoderándose de todos los espacios para la «construcción» de su heredero; el Revolucionario Institucional de las bases, disperso en los 18 municipios. En el seno del partido, en sus entrañas, son enconados los enfrentamientos.

4.- El plan del gobernador Quirino Ordaz Coppel de imponer candidato a gobierno del estado regresándolo a las viejas prácticas del pasado le traen pérdida de credibilidad, deserción de liderazgos y derrotas políticas. La intentona del gobernador de quererse erigir en dueño y amo del presente y el futuro del PRI atenta contra proyectos de connotados políticos dispuestos a dar el salto a otros partidos.

5.- La deserción de Sergio Torres Félix que, aunque minimizada por el dirigente estatal del PRI, Jesús Valdez Palazuelos, le resta militantes al tricolor. En la conformación de la estructura del Movimiento Ciudadano, Torres le arranca liderazgos menores usados tradicionalmente en tareas de convencimiento político en tierra y el acarreo de votos en los municipios.

En el 2018, el hartazgo social, la percepción de un pésimo gobierno priista, la violencia, los crímenes, la falta de empleos, los desplazados, etc., inclinó la votación a favor de Morena. El PRI perdió las 7 diputaciones federales, el “control” del Congreso Local y los 4 ayuntamientos más importantes de Sinaloa –Culiacán, Mazatlán, Guasave y Ahome-.

El repudio social contra el PRI persiste en un escenario mucho más ríspido que el del 2018, con grupos que “chocan” abiertamente con el proyecto de la Cuarta Transformación, pero la realidad es que la sociedad aún no perdona al PRI dinosáurico.

El PRI planea liderar lo que llaman la “gran alianza electoral” cuando el valor electoral del tricolor va en picada, cuando para el PAN ir en alianza con el PRI es “cologarse la soga al cuello” y cuando pende la sospecha de que el gobernador Quirino Ordaz Coppel podría ceder la Plaza Sinaloa a Morena/Andrés Manuel López Obrador para escapar de futuras investigaciones o persecuciones políticas.

La interrogante del momento es: ¿Cuánto vale el PRI en Sinaloa como para que lidere una alianza electoral? Es un hecho que el desgaste de los últimos días merma su rentabilidad y pone en la mesa del análisis el pasado de «amarres» y trinquetes políticos con los que el tricolor ha alcanzado sus victorias.

Lo peor para el proyecto 2021 del Revolucionario Institucional es que hay fundados temores de que el abanderado de la alianza pudiera ser “el ideal” para perder la elección estatal. La imagen de corrupción, de una mala administración pública, el manejo “sospechoso” del presupuesto estatal, en secretarías y subsecretarías, continúan siendo un pesado lastre para el PRI estatal.

Y nadie quiere cargar con pecados ajenos…

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