Guasave, Sin.- Es el último domingo de noviembre y hasta el atrio del Santuario de Nuestra del Rosario han llegado los feligreses venidos de distintos puntos del país a dar gracias por los favores recibidos, otros más vienen a pedirle favores a la virgen.

¨¿Es milagrosa?¨, le pregunta un pequeño a su madre que lo carga en brazos para que vea como bajan a la imagen que permanece en el altar hasta que llega la fecha de que la bajen entre gritos y aplausos de esperanza.

Un santuario lleno de personas que han llegado del norte de Sinaloa y sur de Sonora, otros más vienen de otros estados del país.

Aquí se pide por todos. Por la salud, por la paz, por las personas que buscan trabajo y hasta por los políticos, algunos de ellos están en primera fila esperando tocar la figura, que dicen ha hecho milagros.

A quien también se le conoce como la patrona de los guasavenses se le pasea en una larga procesión por las principales avenidas de la ciudad.

En época electoral se ve a políticos acompañándola en primera fila quienes le ruegan para que los arrope y proteja.

Aquí hasta el atrio de la iglesia llegan personas en sillas de ruedas, otros más con los estragos que produce el cáncer o paisanos a quienes les protegió –dicen ellos- para cruzar la frontera norte del país.

Hoy se cumplió puntual la segunda celebración que tiene la virgen del Rosario en Guasave, la primera fiesta se realiza en octubre. Así marca la tradición, pues antes, cuando no había puente sobre el río Sinaloa, los creyentes que viven en la margen izquierda del río Sinaloa, se quedaban sin ‘adorar’ a la virgen.

Afuera del Santuario espera lo mundano. Una feria en donde se vende de todo, entre ellas las cobijas con el grito característico del merolico, que le dice: “Ande, lleve una, una más y por esta, le damos otra”…

Todo esto es parte de una ya larga tradición que no ha logrado perderse en medio de la modernidad.

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